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El Ávila Sierra Grande:
Entre el mar y tierra adentro amaneció de golpe una mole,
tendiéndose de largo a largo, de occidente a oriente. Hace cuarenta
millones de años emergió del fondo de la montaña, y desde
entonces sus dos frentes - Norte hacia el Caribe, Sur hacia la
capital, Caracas - han sido protagonistas de la historia de
Venezuela. Guaraira-Repano para los indios ancestrales y Ávila para
los españoles y sus hijos, la sierra grande presenció con todos
sus apellidos el devenir de la ciudad sobre la amplitud del valle:
Aventureros que emprendieron la conquista; piratas que descifraron
los misterios de sus caminos para asolar una Caracas de primitivas
chozas; humildes campesinos buscadores de leña y más tarde,
geógrafos y naturalistas eminentes que desde otras latitudes imaginaron
sus tesoros. No le faltó la huella curiosa y asombrada del viajero,
ni luego la del poeta y el pintor. A todos los inspiró El Avila.
La luz del sol baña las laderas del hoy parque nacional, y anima
un espectáculo de colores que contantemente adquiere variaciones.
Cuando cae la noche, El Ávila se convierte en
una silueta bella y misteriosa. De diciembre a mayo, la sequía
le apaga los matices; hasta que revive una tarde cualquiera de
luces cálidas, después de un aguacero prolongado.
Desde su impávida grandiosidad, El Ávila los
mira y los sigue inspirando a todos. A los que pasaron a la
leyenda, y a los que se tragó el olvido. A Bello, a Bellerman, a
Cabré, a Humboldt, al mismo Bolívar; y a los millones de seres
que a sus faldas se resguardan. Para conocer los secretos de la
naturaleza Venezolana no hace falta huir de Caracas. Caracas es
también Ávila, su mitad verde, lugar de descanso y
recogimiento, cómplice de la leyenda, el enigma de sus caminos,
pulmón y guardaespaldas...
Ver Caracas desde sus alturas nos permite sentir lo pequeños
que somos desde allí arriba y lo grandes que algunos han sido...
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